miércoles 18 de noviembre de 2009

Confusión

Destruir para poder crear.

Caminando por la ciudad mi cabeza se abstrae y mi mirada se nubla y todo se ve confuso es decir diáfano porque la confusión es el estado de lucidez máxima en donde todas las categorías se entrecruzan y acoplan y se distinguen a la vez en un tiempo único de sabiduría y excitación corporal máxima donde ya no cabe ni siquiera gritar ni saltar ni la cocaína ni las onomatopeyas ni los opiáceos amortiguadores del cortocircuito cerebral que puede nacer de una confusión no aprovechada al creer de mala fe sólo en la unilateralidad de las cosas en vez de sentir que la realidad es una hermosa orgía de estímulos y sensaciones divergentes que pueden alcanzar la luz si y sólo si se acepta la contradicción y la paradoja como única forma de vida que no es más que una fugaz agonía hacia la muerte que no es el fin sino el principio de algo que nuevamente se dirige hacia un fin que no tiene fin sino sólo en forma de apariencia para poner de manifiesto el absurdo de los límites de nuestras cabezas con metros diametrales y sobre todo metros cuadrados.

miércoles 14 de octubre de 2009

Réquiem para Diógenes

Ten cuidado Diógenes, ya no te amo. Desde hace un tiempo que dejé de amarte, sobre todo desde ayer en la noche. Me bastó con que me dijeran que valías callampa para regocijarme de goce al creer cualquier tipo de infamia que tuviera tu nombre. Diógenes, mi querido Diógenes, mi jodido Diógenes, mi idiota Diógenes, ahora tengo muchas ganas de ahorcarte y hacer trizas tus lentes. Estoy recostada en mi cama en un estado de inercia y de desamor escuchando a Sumo. Te odio porque permitiste que dejara de amarte, te odio porque lo permitiste de la manera más apacible y desidiosa, como si hubieses maquinado el final más aburrido y patético para nuestra historia que en valparaíso y en las calles grisáceas de santiago creímos que iba a ser inmortal. Ahora pienso en ti sin ningún sentimiento noble, pienso en ti de una manera apática y aburrida. Me siento vacía, me pongo mentolatum en los ojos para que me salgan lágrimas y así sentir que sigo viva. Nada ocurre, sólo un poco de irritación en mis ojos que ya están secos y cristalizados, mis ojos oscuros mirando en dirección al techo de mi pieza y pestañeando para no quedarse dormidos. Estoy de luto, soy una viuda vestida de rojo y glamorosa, sin pañuelo ni gafas oscuras, una viuda que dejó de amar a su idiota difunto que la mató en vida y la dejó con el corazón en las manos sin arrojar ni la más exigua gota de sangre. Así está Eduviges, la pequeña Eduviges, con las piernas extendidas y los muslos que ya no extrañan las manos del muertito Diógenes. Así estamos los dos, tú desde tu soledad apartada del mundo y yo desde mi indolencia hacia ti; tú desde tu autismo y yo desde mi inapetencia emocional. Jamás pensé que lo que te escribí aquella noche en estado de histeria delirante después de que me llamaras lleno de llanto iba a ser nuestra única verdad, iba a ser el trillado adiós o el cordial fuck you.

lunes 12 de octubre de 2009

Confesiones

No sabes que las cosas cambian. Dentro de tu mente psicótica nada gotea, nada es cuestionado. Tú no te sumerges con nosotros, no fluyes por la vida, vas en una corriente paralela, vas aleteando y creyendo que en el agua -y no en la atmósfera- se vuelva. Eres el elegido y sufres por serlo. Te construyes hermosas alas de plástico que te hacen sentir la felicidad, pero esa ilusa sensación se acaba apenas quemamos tus alas con nuestras almas pirómanas que se esconden detrás nuestros rostros mediante los cuales te esbozamos una sonrisa luciferina y te damos un abrazo enamorado. No sabes nadar, nunca lo aprendiste, tú sólo habitas en tu cabeza y te contorsionas desde ahí, desde ese lugar inhabitado por todos, hasta por dios, tu padre celestial a quien le haces tus espectáculos sexuales frente al espejo del baño de tu casa. Estás encerrado en tu celda con murallas de acero que miden veinte metros. Vives una vida ex-céntrica y enajenada de todo con-tacto que sí cabe en la imaginación de nosotros los mortales, nosotros que nos comunicamos en la oficina hablando de tus extravagancias de la noche anterior, nosotros que nos vamos poniendo viejos mientras nos lustramos los zapatos y nos lavamos los dientes con pasta dental. Te admiramos, lloramos y rezamos por tu salud física, mental, espiritual, uretral, mágica, etérea y tridimensional. Nosotros los ilusos que te queremos y cuidamos tanto, los ilusos que intentamos que nada malo te ocurra, como tirarte desde el noveno piso cuando te invade la extrema lucidez; los ilusos que mantenemos tu higiene mental y te damos la leche tibia que emana desde nuestros pechos hinchados de amor.

martes 16 de junio de 2009

escritos sueltos...

Las calles grises y frías, las hojas de otoño que ya no quedan, el camino cotidiano a casa, los poemas de Eduardo, la energía de Natalia, la psicología que se hunde, las esperanzas de que el tarot sea un arte que no mienta, el escupitajo que debo arrojarte para que entiendas que te quiero, algún viaje a Valpo, la fotografía que petrifica imágenes que antes estuvieron vivas, tu mirada ávida que se esconde detrás de tus lentes y que estudia cada ángulo de mi cara, la marihuana que no tengo, el diluvio que llegará el jueves, la prostituta que vende sus palabras en terapia, el recuerdo que se desvanece aunque yo se lo prohiba, las ganas insistentes de subirme a un bus sólo para estar en movimiento y mirar por la ventana y no hablar y pensar y dormir y volver a mirar y escribir y leer y cantar sola y sentir el movimiento y ojalá nunca llegar a destino.